En 1948, cuando José León de Carranza asumió la Alcaldía de Cádiz, tenía en mente varios proyectos, siendo uno de ellos fundamental para el desarrollo de la ciudad. Tras la explosión de la Base de Defensas Submarinas en agosto de 1947, Cádiz enfrentaba serios problemas de infraestructura y un casco antiguo colapsado. La urbanización de Puerta Tierra se presentaba como una oportunidad para mejorar la situación habitacional y el estado del casco histórico, incluso a costa de derribar antiguos barrios como el de Santa María.
Carranza era consciente de las dificultades de acceso a la ciudad, ya que solo contaba con una carretera en mal estado que conectaba Cádiz con San Fernando, y el camino hacia Jerez y Sevilla era largo y complicado. Por ello, decidió retomar un proyecto que su padre, Ramón Carranza, había diseñado en los años 20: un puente sobre la Bahía que uniría Puntales con el Trocadero.
Sin embargo, la falta de recursos en una España que aún vivía bajo la autarquía y las secuelas de la explosión relegaron la construcción del puente. En la década de los 50, cuando Carranza volvió a presentar el proyecto al Gobierno de Madrid y al dictador Francisco Franco, este último no mostró interés ni ofreció financiación, a pesar de que se destinaban recursos a otras infraestructuras en diferentes provincias.
El desprecio de Franco hacia la ciudad generó frustración en Carranza, quien expresó su desilusión en cartas a miembros del Gobierno, advirtiendo sobre el posible descontento entre los gaditanos si no se cumplían las promesas. A pesar de la presión, el Gobierno autorizó el inicio de las obras, pero sin asignar fondos, lo que llevó al Ayuntamiento a asumir el costo del proyecto, que se disparó debido a la necesidad de tecnología especializada.
El puente, que finalmente fue construido, se redujo en comparación con el diseño original, y Carranza falleció pocos meses antes de su inauguración, dejando al Ayuntamiento en una situación de grave endeudamiento sin que Franco mostrara interés en la situación de la ciudad.