Este viernes, 31 de julio, el Juan Sebastián de Elcano regresa a Cádiz para finalizar su 98º crucero de instrucción. La dotación y los guardiamarinas de esta promoción vuelven a casa tras un viaje de más de seis meses que seguramente les dejará una huella imborrable.
Algunos gaditanos que han estado a bordo comparten su experiencia con Diario de Cádiz y seleccionan su foto favorita, a pocas horas de que el buque escuela de la Armada atracara en la ciudad, marcando el inicio de la cuenta atrás para celebrar su centenario.
Dos guardiamarinas, un profesor y miembros de la dotación, que desempeñan funciones en Maniobras, labor sanitaria y Repostería, intentan resumir lo aprendido, los lugares sorprendentes que han conocido y los momentos tanto inolvidables como desafiantes. ‘Es una experiencia única, no hay nada que lo pueda imitar’, señala el guardiamarina Álvaro Ortiz Loo, originario de Cádiz.
Él explica que comenzaron estos meses de navegación ‘con mentalidad de alumno, con poca experiencia en la mar’, y ahora regresan ‘pensando como oficiales, conociendo a la dotación y las labores en la mar’.
Álvaro destaca que es complicado elegir un solo momento especial de estos meses, pero resalta que todas las entradas en puerto, donde fueron recibidos por familias, locales y autoridades, son inolvidables. En particular, menciona la entrada en Nueva York, donde pudieron navegar por el río Hudson con las velas izadas.
‘Lo más especial ha sido navegar por los mares desde la cubierta de un velero de 1927, representando a España y a Cádiz en todos los puertos donde recalamos’, añade. Durante este tiempo, ha mejorado su disciplina y aprendido a manejar la presión de trabajar bajo estrés, así como a valorar las pequeñas cosas.
Álvaro se siente orgulloso de haber formado parte de la dotación del 98º Crucero de Instrucción y de formar parte de la historia de este emblemático buque. Sin embargo, también ha sido complicado estar seis meses lejos de su familia y de Cádiz, enfrentándose a ‘las guardias con mal tiempo’, aunque reconoce que esas situaciones difíciles son las que más enseñan.
Finalmente, comparte que la foto que ha elegido, en la que se ve a un grupo de amigos, representa a la Armada en el puerto de Tenerife, durante una recepción a bordo el 15 de enero. ‘Quiero agradecer a todos y cada uno de este grupo por haber hecho de este viaje una experiencia inolvidable’, concluye Álvaro, quien también menciona que sus compañeros se han convertido en su familia.
Rubén García, otro participante y portuense de Maniobra y Navegación, destaca que ‘es complicado resumir tantos meses en la mar’, especialmente porque tenía muchas ganas de navegar en el buque insignia de su especialidad. Su puesto, que se encuentra en la proa, es físicamente y mentalmente exigente, pero también gratificante cuando se termina una maniobra general y se ven todas las velas izadas.
Aunque le resulta difícil elegir un momento, menciona la primera vez que vio ‘todo el aparejo dado’, así como países impresionantes como Costa Rica, y agradece a las personas que han pasado de ser desconocidas a amigos. Rubén ha aprendido más de lo que esperaba y ha mejorado en la gestión de los días de espera y las largas vigilancias nocturnas.